Lovecraft y Borges: comparación posible

Existen similitudes inspiracionales y temáticas entre Lovecraft y Borges, seguramente por ser contemporáneos: Lovecraft nació en 1890 y Borges en 1899. Ambos abordaron la inmortalidad, el tiempo, el infinito, los espejos y los libros. Lovecraft y Borges empezaron por escribir poesía desde adolescentes, admiraban a Edgar Allan Poe, leyeron en su adolescencia a los clásicos romanos y griegos, gustaban de la literatura inglesa del siglo XIX, en particular de Samuel Taylor Coleridge, Rudyard Kipling, H. G. Wells y Robert L. Stevenson, leyeron con cuidado a filósofos alemanes, en particular a Schopenhauer y Nietzsche, fueron fanáticos de Las mil y una noches y emularon lo arabesco en sus textos. A estas similitudes, habría que sumar las coincidencias fortuitas en sus personalidades y sus vidas. El crítico literario Barton Levi St. Armand identifica este fenómeno de similitud de tópicos inspiracionales como sincronicidad (2011) a partir de la definición de Carl Gustav Jung, es decir, como una serie de pensamientos similares provocados por causas distintas, pero que contienen cualidades o condiciones básicas que se manifiestan en personas y lugares diferentes.

Existe también una velada, pero recurrente presencia de Lovecraft en Borges que no ha sido abordada a profundidad en la academia. Este influjo de la ansiedad, como diría Harold Bloom, quizá fue aceptado por Borges de forma explícita desde que dictaba cursos de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires en 1956 donde incluyó la enseñanza de Lovecraft y que culminó al dedicarle el cuento TMT en El libro de arena de 1975.

Las obras literarias vistas a la distancia provocan reacciones, visiones y comentarios distintos a los que generaron cuando se publicaron. Esto ha ocurrido sobremanera en el caso de Lovecraft. El paso del tiempo influye en la opinión y respuesta de críticos, letrados e iletrados, educados y toscos, cultos e ignorantes. De igual manera, a la distancia de su obra y de su muerte, Borges se ha posicionado como uno de los más grandes escritores del siglo XX y de la lengua española. Su fama escapa de la esfera del español para convertirse en innovador de la literatura fantástica y de la experimental —cualquier cosa que eso sea—, y ha resultado ser el autor más popular del todavía nebuloso y germinal slipstream —veáse Latham y “A Working Canon of Slipstream Writing”—.

La comparación entre Lovecraft y Borges ha sido descuidada en el medio académico. Los estudios han favorecido la comparación de Borges con autores que gozan de mayor fama literaria que Lovecraft, por ejemplo: Samuel Beckett, Italo Calvino, Miguel de Cervantes, Gilbert Keith Chesterton, Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Umberto Eco, Sigmund Freud, Franz Kafka, Marcel Proust, Thomas de Quincey, Edgar Allan Poe, William Shakespeare e incluso los clásicos griegos.

Esto se debe a que Borges es un erudito, un escritor enciclopédico. Se abordan sus relatos, ensayos y poemas desde perspectivas que requieren lucidez, altos estudios y conocimientos amplios y precisos que van más allá de la crítica literaria. A Borges se le coloca en el canon de la literatura de crimen y misterio por un cuento: “La muerte y la brújula”, se le estudia como postmoderno, se analizan las influencias de las culturas judía y musulmana en sus textos, los elementos de las civilizaciones griega y romana, y también como creador de literatura fantástica inclasificable. Faltaría hablar de los estudios sobre Borges en las áreas de letras, epistemología, filosofía, liberalismo, gnosticismo, cristianismo, física y matemáticas. Borges prevalece en la cultura educada global, como ejemplo basta señalar las lecturas de textos de Borges en la Fiction Podcast dirigida por Deborah Treisman en la prestigiosa revista The New Yorker donde los cuentos del argentino han sido leídos por Paul Theroux (2007), Hisham Matar (2012), Mohsin Hamid (2018) y recientemente por Orhan Pamuk en febrero 2019.

Me han faltado mencionar ciencias y disciplinas en las que el argentino también ha sido estudiado con seriedad. Pero según Edwin Williamson, en el ámbito literario global son principalmente los cuentos de Borges los que lo colocan como gran escritor. En específico Ficciones (1944), El Aleph (1949), El Hacedor (1960) —que también contiene poesía— y el libro de ensayos Otras inquisiciones (1952).

Con todo, parece que Borges no ha dejado de ser como lo afirmó Octavio Paz: un “escritor para escritores” (296). En términos comerciales, Borges es un escritor de nicho, no es para todos, no es para las masas. Borges es complejo, quizá demasiado complejo para la rapidez del siglo XXI y requiere ser consumido lentamente, reflexionado y comentado para entenderse a cabalidad. La dificultad para llevarlo a otros medios, debido a su complejidad y maestría, ha hecho prácticamente imposible a la fecha, 2020, representarlo con calidad y éxito en cine, radio o televisión. Borges es un escritor que exige al lector atención, concentración, contexto y antecedente, de eso no hay duda. Presentarlo por entregas serializadas o en un par de horas en la pantalla es una labor que no ha podido ser concluida de forma exitosa. Así, a pesar de ser popular para críticos literarios, temas de disertaciones, fuente eterna e inagotable de artículos académicos y provocador de cuestionamientos epistemológicos a niveles profundos, casi arcanos, precisamente, como a él le habría gustado, es necesario admitir que sus textos no son todavía de  consumo masivo.

Por otro lado y casi en otro extremo, está Lovecraft, el autor nacido en Nueva Inglaterra, quizá la región más tradicionalista, protestante y conservadora de Estados Unidos donde le tocó crecer a este escritor ateo. Lovecraft nunca negó sus raíces y siempre tuvo orgullo de donde venía, a tal punto que el epitafio en la losa de su tumba reza: “I am Providence”. Lovecraft es misógino, abiertamente temeroso del homosexualismo, racista y discriminatorio en su ficción directamente contra mexicanos, indios, indígenas, sirios, chinos, negros, italianos, españoles y judíos (Joshi, 2011). Pero debatir la postura discriminatoria de Lovecraft y su racismo evidente, no aporta al análisis literario de su obra.

En vida, Lovecraft sólo publicó un libro: The Shadow over Innsmouth (1936) con un tiraje de 200 ejemplares (Klinger 2014: xlix), el resto de sus relatos aparecieron en las revistas pulp, en particular en Weird Tales. Estas revistas hechas en papel periódico durante la época de la gran depresión (1926-1936) son herederas de la tradición de las penny dreadfuls y dime noveles que surgieron desde el siglo XIX en EE.UU. y Gran Bretaña. Las revistas pulp se popularizaron debido a su bajo precio que iba entre 15 y 25 centavos de dólar, su contenido de fantasía, ciencia ficción, western, crimen y romance, sus portadas a colores con ilustraciones dramáticas o sensuales, su capacidad de venta masiva (algunas llegaron a vender un millón de ejemplares a la semana), el uso del plagio, la repetición y la adaptación y readaptación de tramas similares y muchas veces una calidad literaria nimia del material.

El fandom de Lovecraft fue diverso desde sus inicios. Sus amigos por correspondencia, de los cuales tuvo cientos y a quienes escribió la increíble cantidad de por lo menos cien mil cartas (Moore, xii) a lo largo de su vida, decidieron publicar su obra después de su muerte. Dos de estos amigos que no lo conocieron personalmente, August Derleth y Donald Wandrei, fundaron la editorial Arkham House y se ostentaron durante años como poseedores de los derechos de publicación de Lovecraft sin tenerlos —véase “Copyright Status of Works by H. P. Lovecraft”—, después de que varias editoriales se habían negado a publicar los cuentos de Lovecraft cuando vivía.

La crítica más común acerca de Lovecraft es que es un escritor popular sin valor literario. Esta idea viene de 1945, cuando Edmund Wilson, afamado y prestigioso crítico de The New Yorker, afirmó acerca de los cuentos de Lovecraft: “The only real horror in most of these fictions is the horror of bad taste and bad art” (Klinger: lv). Después, L. Sprague de Camp, también escritor de fantasía y primer biógrafo de Lovecraft, parece haber tenido la encomienda de disminuirlo como escritor en su biografía de 1975, Lovecraft: A Biography. Estas opiniones de Wilson y de de Camp han perdurado hasta la fecha, a pesar que desde la década de 1970 se han incentivado y producido en la Universidad de Brown, Providence, estudios literarios especializados en Lovecraft.

El camino de Lovecraft hacia la fama fue lento y como sus textos, weird. No llegó a la fama en vida, vivió y murió en 1937, pobre, solo, desnutrido y sufriendo de un grave dolor a los 46 años, provocado por un cáncer de intestino delgado que nunca supo que tenía. Su popularidad inició hasta los setenta con múltiples traducciones al español, francés, alemán, chino, japonés, idiomas nórdicos y ruso (Kracker). Pero la fama global le llegó en la década de 1980, quizá debido a la clara inspiración de la película Alien (1979) en el principal eje temático lovecraftiano del terror cósmico. Así, a finales del siglo XX todo cineasta, escritor de fantasía o ciencia ficción y creador de cómics ha leído a Lovecraft y se inspira en él.

A la lectura y reconocimiento de Lovecraft por Borges se suma la admiración pública de creadores como Neil Gaiman, Stephen King, Michel Houellebecq, Joyce Carol Oates, China Miéville, Harumi Murakami, Edogawa Rampo, Ridley Scott, Peter Straub y Guillermo del Toro.

Hoy en día, la influencia de Lovecraft, a cien años de haber escrito la mayoría de su obra, es innegable en la cultura popular mundial. Puede añadirse la influencia de Lovecraft en por lo menos una docena de escritores estadounidenses que a su vez han sido relevantes para la literatura universal y la cultura popular de 1980 a 2020, así como su influencia para el género gótico americano y en el New Weird.

Resalto dos influencias más de Lovecraft. Primero, aquella en el género de ciencia ficción en cine, series en plataformas de streaming, novelas y relatos, tanto de consumo masivo como de nicho. Y segundo, casi inconmensurable al ser promovido por el internet, la constante y en crescendo presencia de Lovecraft en la tradición oral global desde finales del siglo XX. Las ideas de sus cuentos surgen y resurgen en leyendas urbanas y creepy-pasta, particularmente aquellas que tienen que ver con OVNIs, abducciones, extraterrestres y monstruos urbanos o rurales. 

A la ironía del romanticismo del escritor que dedica su vida a las letras y muere pobre, hay que añadir la paradoja literaria lovecraftiana: pocos estudios serios sobre su calidad literaria. Sin duda, el éxito de Lovecraft en la cultura popular es equiparable al éxito de Walt Disney, pero sin su mercadotecnia. Lovecraft es fuente de inspiración comercial de la cultura popular vendedora de millones de best-sellers, arte, productos y boletos de cine en todo el planeta.

Así las cosas, aquí comparo el estilo y la obra de Lovecraft con un solo cuento de Borges, TMT. Una comparación de un Lovecraft, escritor que vivió con su madre y su tía en Providence, quien lo más lejos que viajó fue a Quebec y Nuevo Orleans, racista a ultranza y quien muere pobre, solo y desconocido, con Borges, escritor argentino que vivió en Suiza, España y Argentina, viajó innumerables ocasiones entre Europa y América, que fue reconocido en vida por la calidad literaria de su obra, que publicó en diversos países, ganó premios internacionales y a quien se le negó el Nobel, quizá por su postura política. Ambos son las dos caras de la misma moneda del escritor del siglo XX.

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