Sexo bíblico de Venus Rey, Jr.

En Sexo Bíblico nos enfrentamos ante una obra de 13 relatos, número también bíblico.
Me concentro en dar una visión general y luego comento solo tres relatos, para brindar una idea general.
Puede analizarse esta obra si la dividimos en dos: aquellos relatos que son recuentos de la Biblia, y me refiero a cuentos que se vuelven a contar en lenguaje del siglo XXI y aquellos cuentos que fueron inspirados por la Biblia.

Ubiqué seis entre aquellos que son una nueva versión: “Levántante, vámonos”, “La ramera redimida”, “La cueva de la soledad”, “La oveja robada”, “Fantasías seniles” y “El hombre que perdió la cabeza”. Dejé fuera el relato “Simón el mago” porque contiene partes iguales entre un recuento bíblico y una nueva interpretación ubicada en otro tiempo y en otro espacio de lo ocurrido en las Sagradas Escrituras. Así, nos quedan seis relatos que son una reinterpretación, ya sea medieval o contemporánea, de asuntos bíblicos: “Guardia Suiza”, “El semen de la Luz”, “Del instrumento sodomizador y otros fetiches”, “Crono y Urano”, “Serpientes en los árboles” y “El desierto del alma”.
Como sucede a lo largo y ancho, muy ancho y muy largo de la Biblia, (ya desde la presentación física el libro sagrado comienza con su doble sentido), muchas de las historias no son aptas para menores, menores de criterio, no menores de edad. Pensar un joven de 15 años del siglo XXI no debe ver desnudos ni saber nada de sexo y violencia, no solo es una estupidez, si no que coloca al hipotético joven en desventaja en un México dominado por la violencia del narco y la violencia sexual contra la mujer.

La Biblia está plagada de violaciones, sangre, abusos homosexuales y heterosexuales, infanticidios, pedofilia, injusticia de género, estulticia, fraude, robo y hasta plagio. Curioso esto del plagio que antes de que se inventara en el siglo XX la Biblia ya lo traía inmerso. Quizá se deba a eso de que Dios lo sabe todo desde el principio. Por esta razón el Dios Judeo-Cristiano-Islámico copió las ideas de la Creación y el Diluvio a la antigua religión Mesopotámica. Siempre me he preguntado que opinarían de este plagio los sacerdotes que cantaban el himno dela creación, Enuma elish, en Babilonia.
Si a la Biblia la tuviera que catalogar RTC de Gobernación, sería algo más allá de clasificación C, al grado que una película pornográfica del norte de Hollywood y las andanzas de los Zetas en Tamaulipas se quedarían frías ante las barbaridades y aberraciones que cometen, principalmente las tribus de Israel.

Con la Biblia entendemos por qué la mano dura de la civilizadora pax romana es similar al establecimiento de la paz en Irak por las fuerzas gringas. No me imagino qué acto bíblico podría compararse con las fotografías de aquella soldada gringa con un pie sobre un soldado irakí desnudo en una cárcel de Bagdad. No es que este hecho sea correcto, pero después de leer cómo los judíos tratan a sus mujeres e hijas en la Biblia, las violaciones de derechos humanos de los EEUU en Medio Oriente se convierten en pecata minuta. La Biblia no considera poner un pie sobre el lomo desnudo de un prisionero de guerra un acto digno de relatarse; pero al contrario, sí por salvar el culo de mi invitado, ofrezco a mis dos hijas a una turba de violadores, la Biblia considera al acto digno de ser escrito por Dios en las Sagradas Escrituras. Quizá es solo por Lot que no soy católico.

Ahora bien, la Biblia fue escrita hace 2,000 o 2,500 años por tribus nómadas del desierto árabe. Sería estúpido esperar que tuvieran métodos de justicia como los de Finlandia en el siglo XXI, pero para ser sinceros, yo sí habría esperado algo de censura por parte de la iglesia católica medieval respecto a Lot, contra Abraham y sus abusos para con su esclava y notablemente acerca de Noé y sus hijas que se emborrachaban y se aventaban unos tríos dignos del Porn-Hub.

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Probadita de tres cuentos
En “El semen de la Luz” estamos con Alma, Simón y Juan. No sabemos si se trata de los personajes de los evangelios. Me refiero a Juan, quizá hermano menor de Jesús, y Simón el futuro apóstol Pedro. Y, ¿Alma? No sé si es una metáfora del alma o en realidad es una mujer llamada así, que en dado caso sería pronunciado su nombre Néfesh en hebreo. Sospecho que Alma vive un triangulo amoroso con Juan y Simón, pero no tengo evidencia suficiente, será cosa que el lector decidirá. Ya entrado en el relato nos damos cuenta de que Alma se trata de Énnoia, la amada de Simón, el mago,

“El semen de la Luz” es un texto cargado de reflexión teológica y filosófica, nos pregunta: ¿Van a negar que el cristianismo es fusión? ¿Qué caso tiene construir imprentas si con ellas han de difundir listas prohibidas? ¿El demiurgo del Antiguo Testamento no será Satanás? Y entre estás preguntas surge un relato erótico, que no de amor: Alma y Simón, el conocimiento y la semilla masculina con el principio femenino, pero, ¿es la imagen o es el ser? Es el pensamiento del cosmos y no su praxis. Y entre estos dos personajes surge la pasión:
Los dedos de Simón
recorrieron aquella piel inmaculada.
No hubo valle ni montículo
que, después de tan sublime recorrido,
permaneciera ignoto (p. 39).

En el cuento “Simón, el mago” nos reencontramos con este personaje bíblico que hizo competencia a Jesús en la práctica, y que, para su infortunio, perdió. Aunque no estoy seguro de que quisiera haber ganado como lo hizo Jesús muriendo crucificado. En el momento del relato, Simón está en el futuro bíblico, es decir, quizá en el siglo XX, pues por lo menos vemos pasar un avión.
Simón fue condenado en la Biblia por querer comprar la facultad de transmitir el Espíritu Santo, de hecho el Vaticano llama a esa actitud y pecado simonía. Pero en “Simón, el mago” de Venus Rey, Jr., Simón es un hombre de ideas más maduras que se halla convencido de que Dios debe ser una dualidad masculina y femenina y no una trinidad absurdamente macha. Este Simón es más cercano a Ometeotl, el principal Dios nahua que es hombre, mujer, noche, día, agua, fuego, tierra, cielo y hasta ying y yang o ring y rang como me corrige Word mientras escribo.
Simón el mago, nos dice la Biblia, era capaz de volar, convertir agua en vino y curar personas. Se dice también que el propio emperador Nerón lo creía Dios. ¿Por qué demonios querría Simón comprar el poder de esparcir el Espíritu Santo? Además, “Dios no necesita de nadie”, dice Simón en el cuento de Rey. Simón se encuentra cara a cara con Pedro, el pescador de hombres, y Juan, en la que será la batalla final. Pero en este relato Simón tiene la capacidad de realizar viajes en el tiempo, quizá astrales. Simón vence a Pedro, pero no a Juan. Juan ha entrado en sus dominios, y quizá por eso es atractivo para Alma.
Así, a pesar de que quizá vence un apóstol en la forma del cuento, es Alma (Énnoia) la que domina a la trilogía de hombres en el relato, y es su espíritu el que da completitud y no el Espíritu Santo. Amén.

“Crono y Urano” trata sobre la historia de amor medieval Abelardo y Eloísa. La historia de amor es tan desgarradora que por momentos parece que ambos amantes se odiaban, este punto y la tensión entre las ideas de Abelardo y la iglesia católica es lo que toca Rey en el cuento.
El autor entra a detalle en la relación de los amantes, pero vale la pena una diminuta síntesis del romance epistolar. Abelardo es contratado como maestro de Eloísa por Fulberto (tío dela adolescente). Eloísa no es bella, pero sí es inteligente y alta. Entre clase y clase, Abelardo y Eloísa, mantienen relaciones sexuales. Después, se casan a escondidas porque él no quiere dejar de ser cura, mientras que Eloísa tampoco hace publico su matrimonio para ingresar al convento y poder seguir con sus estudios. Así, Abelardo se brinca el muro del convento habitualmente para confirmar la unión matrimonial. Por si fuera poco, ambos son adictos al sadomasoquismo durante el sexo 600 años antes de que el Marqués de Sade lo inventase a detalle. En el clímax del relato, Fulberto manda castrar a Abelardo, pena legítima para los violadores de la época. Pero las influencias de Abelardo son tan amplias, que logra que se castigue a Fulberto con la expropiación de sus propiedades. La suerte se termina para los amantes en el Concilio de Sens, pues se condena el texto Sic e non de Abelardo por ser contradictorio a la Biblia. Se sentencia a Abelardo y se separan los amantes, pero no es claro cuál fue su pena y él muere meses después encerrado en su celda de monje (no de preso).
Es en este momento en el que inicia el cuento de Venus. Ante la condena, Abelardo siente la desesperación, se culpa a sí mismo y culpa a Eloísa, la culpa de dejarse amar y por eso haberlo influido para escribir lo que escribió. No obstante, en un epifanía bajo la luna, Abelardo se da cuenta de que odiar a Eloísa no es la respuesta, pues odiarla solo puede ser un impulso inspirado por el mismo Satán.

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