El jugador de Fiodor Dostoievsky

Sin duda la obra, por antonomasia, perfecta para iniciarse en la literatura rusa.

Esta es una novela breve, escrita en 1866 que tiene como sus dos principales virtudes ser amena y rápida de leer.

No es la obra más popular del ruso, tampoco la más vanagloriada, está lejos de ser Crimen y castigo, El idiota o Los hermanos Karamazov. Sin embargo, sí es la más divertida.

El jugador narra en primera persona, a través del diario de Alexei Ivanovich, una atmósfera de hipocresía y tensión entre diez personajes. Para entender como la construye, debo decir en principio, que la novela se desarrolla en la ciudad alemana ficticia de Ruletenburgo, un paraíso vacacional de veraneo y de juego, un Las Vegas en el centro de Europa del siglo XIX. Alexei es tutor de los dos hijos del General Zagorianski, quien está hundido en problemas financieros. Alexei por su parte, está secretamente enamorado de Polina, la hijastra del General.

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Los personajes que construyen la tensión en la novela son cinco:
El General Zagorianski: Viaja por Europa y se endeuda cada día más en espera de una carta donde se le avise que la abuela de su hijastra, Polina, ha muerto y que recibirá el dinero para poder pagar las hipotecas de sus propiedades. Debe dinero a De Grieux y corteja y gasta dinero en madmoiselle Blanche de Cominges.
De Grieux: Prestó dinero al General y corteja a Polina, no por su belleza, sino por el dinero que heredará de su abuela Antonida Vasílevna. No se separa del General ni de su comitiva.
Mr. Astley: Empresario y miembro de la nobleza británica enamorado de Polina, pero su timidez lo mantiene al margen. Dicha timidez lo hace también un hipócrita: no se atreve a decir a Polina que la ama y que no necesita del dinero que ella heredará.
Blanche de Cominges: Una bella francesa que permite los cortejos del general mientras espera la carta que anuncie la muerte de doña Antonida Vasílevna.
Antonida Vasílevna: En medio de este cocktail de personajes llega repentinamente doña Antonida, abuela de Polina, a Ruletemburgo. Les grita a todos que no está muerta ni está enferma, que no le dará ni un centavo al General y que se llevará de vuelta a Rusia a Polina. Después de esta disruptiva llegada, pide a Alexei que le enseñe a jugar y apostar en los casinos. Ambos se dirigen a la ruleta.

No solo se trata de una obra clásica, se trata de un autor clásico. Ni más ni menos que del más brillante narrador psicológico del siglo XIX, como lo dijo Nietzsche en Cómo se filosofa a martillazos §45: “Dostoyevski, el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo, es uno de los accidentes más felices de mi vida».

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