The Music of Erich Zann / Under the Pyramids

En estos dos relatos otra vez encontramos la dualidad de Lovecraft. Por un lado un cuento sorprendente, bien escrito, The Music of Erich Zann (TMZ). Por otro lado, un aburrido relato, lento y lleno de descripciones que no llevan a nada en Under the Pyramids. Ambos contenidos en el volumen The Thing in the Doorstep and Other Horror Stories de Penguin Horror.

The Music of Erich Zann
TMZ además de ser uno de los relatos favoritos del propio Lovecraft es sin duda el germen de El Aleph de Borges. No solo por el tema y el desenlace. En TMZ el personaje encuentra una ventana que da a un lugar que no debería verse.
La narración es en primera persona y el resto de los personajes son gente conocida, incluso amigos. El lugar donde se encuentra el punto que permite ver cosas imposibles está dentro de una habitación conocida por varias personas —similitud poderosa con El Aleph—.

Erich_zann.jpg

En TMZ el personaje principal es intradigético, es decir, es el mismo narrador. Un estudiante que vive en la rue d’Auseil, calle a la que no pudo regresar jamás, dato que adorna con misterio la obra. Por si fuera poco, el narrador nos indica que jamás ha encontrado a alguien que conozca dicha calle. Nunca dice que se trata de París, pero parece que intenta indicarlo. El estudiante jamás volvió a ver a los amigos que tenía en dicha calle ni a los otros huéspedes del edificio.

La calle d’Auseil era angosta y empinada, tanto que terminaba en escaleras. Un dato mas: todos los habitantes de la calle eran viejos. Rentaba en la casa más alta de la calle. Rentaba una habitación en el quinto piso a un peculiar casero: un paralítico de nombre Blandot. Por las noches, el estudiante escucha el tocar de un chelo. Averigua que se trata de un tal Zann. Las melodías no son convencionales y parecen ser únicas. El narrador conoce al viejo Zann, casi calvo, mudo y parecido a un fauno. El estudiante va su habitación y lo escucha tocar por largo rato frente a una ventana. Zann no deja de tocar, el estudiante quiere irse y Zann lo sujeta. Después de un momento, Zann lo suelta y escribe una nota donde se disculpa e indica que es un pobre viejo. El estudiante se marcha, pero vuelve días después a escucharlo. Una noche, después de una serenata salvaje de Zann, el narrador sube a buscarlo y lo ve como poseído. Se asoma por la ventana y ve un vacío, un negro que no debería de verse. Sale de la habitación, del edificio, de la calle y no vuelve jamás.

Under the Pyramids
Aquí la ambivalencia de Lovecraft es absoluta. Ni siquiera parece ser el autor de TMZ. En las primeras 13 páginas de un total de 17 es incapaz de decir algo relevante, de crear tensión, de forjar un argumento. Este relato fue escrito para que se publicara bajo el nombre de Harry Houdini, el mago y escapista número uno de principios del siglo XX en la revista trimestral Weird Tales.

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En la primera parte del relato, Houdini cuenta que va de Londres a Australia en barco y paran en El Cairo. Ahí decide conocer la ciudad. Luego, pide visitar la parte vieja y su guía lo lleva a las pirámides. Entonces, atrapan a Houdini y lo llevan debajo de la esfinge de Giza. Sí, sin explicación, sin razón, simplemente lo atrapan y lo llevan bajo la esfinge. Houdini se escapa de un grupo de seres mitad hombre y mitad animal, que adoran a un ser onda hipopótamo de cinco cabezas. Como final, Houdini cree que todo eso fue un sueño. Da más risa que miedo, de hecho, no creo que pueda darle miedo a alguién.

Hazte un favor y lee otra cosa de Lovecraft en lugar de Under the Pyramids.

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