La contadora de películas: No sé si me gustó…

Me recomendaron la novela La contadora de películas de Hernán Rivera Letelier, un escritor chileno con más suerte para publicar que Bolaño y bueno para poner títulos a sus relatos, para muestra, tres botones: La reina Isabel cantaba rancheras, Himno del ángel parado en una pata y El fantasista. ¿Qué tal? Bueno, ¿no?

La que leí fue La contadora de películas y no sé si me gustó. Tiene varios bemoles, puntos débiles que son clave para la narrativa que quiero compartirles.
Con 118 páginas y 44 capítulitos estamos ante un cuento vendido como novela, cosa que, creo yo, es ajena al escritor, vaya, si le dijeron los de Alfaguara que tenían que venderla como novela, entiendo que Hernán haya aceptado el trato, pero no deja de ser un fraude por parte de la editorial. en fin, ahora que reviso el libro en ningún sitio indica que sea novela o cuento, pero vaya Alfaguara se especializa en novela y cuando es cuento lo indica, salvo en este caso. No abundo en el asunto, pero si la va a comprar, créame, es un cuento y no es muy largo. Comparto unas fotos de las páginas para que vean la fuente y el texto que contiene cada página y observen que con una tipografía paperback al estilo gringo esto hubiera cabido en 30 páginas.

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Inicio con lo positivo. Un lenguaje claro, contado en sus primeros capítulos mediante la voz de una niña que sin duda ronda arriba de los 12 años, luego nos enteraremos que tiene 14. Es fresco, ingenuo donde tiene que serlo y sabio donde debe. Eso va bien.
Segundo punto positivo, ella cuenta cómo narra las películas, pero no las narra. Esto es fabuloso, un libro llamada la contadora de películas y no se cuenta ni una sola. Me gustan las paradojas, sin duda.
Tercer punto positivo, la forma en que aborda las películas gringas, las europeas y las mexicanas. Muy diferente y muy pasional, es muy curioso para mí, como mexicano, ver en la práctica el efecto que tuvo en los sudamericanos la época de oro del cine mexicano de 1945 a 1965. Impresionante como se identifican más con las pelis donde cantan rancheras que aquellas donde sale Marilyn o Audrey. También impresionante el impacto de Cantinflas, que sinceramente, lo sospechaba.

Ahora lo raro del relato.
Para ser un cuento es demasiado largo, demasiados personajes y demasiados sucesos que al ser tan rápidos se hacen prescindibles, irrelevantes, el destino de los hermanos se pierde por lo fugaz, la pérdida de la madre se hace algo entre esperado e irrelevante.
deja la sensación que esto debía ser una buena novela de uans 200 páginas, con más profundidad y densidad para entender a los hermanos, se hubiera agradecido la extensión en las historias de los hermanos y la madre que huye. Quizá algo del pasado del padre, pero es tan poco lo que sabemos que el autor no nos permite disfrutarlo.
En realidad, quizá mi coraje, mi demanda contra Hernán, es que quería más, quería saber más y él no lo da, no es cuestión de estilo, es la rapidez del cuento lo que molesta. Más corto hubiese sido mejor, como debe ser un cuento, sin una palabra que sobre, pero con su extensión y la pretensión de la editorial queda demasiado largo, más largo de lo que se quiere.

Finalmente hay un desenlace lindo, inesperado sí, pero a modo de epílogo. Sí, ¿un cuento con epílogo? Soy partidario de los flashbacks al final de los relatos, de revisitar la escena faltante, la no contada, pero es tan corta la novelita o tan largo el cuento que pierde relevancia o parece estar mal contada, no lo sé.

 

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