No me interesa la vida de Rulfo

El único oficio es el de vivir —Juan Rulfo

Para conocer qué hace a un escritor grande o mágico no es necesario conocer su vida. Sin embargo, en este centenario del nacimiento de Juan Rulfo quizá valga la pena hablar un poco de su vida y de cómo la acercó a la ficción.
Se dice que Rulfo mentía sobre su año y lugar de nacimiento, 1917 o 1918, Sayula o Apulco, a sus herederos les molesta que se diga esto y afirman que fue en Sayula en 1917 dónde primero vio a la luz, pero la verdad es que ni el mismo Juan Rulfo lo sabía a ciencia cierta.

Rulfo estudió en el Colegio Militar pero no le gustó, declinó a favor de la literatura, el montañismo, la fotografía y la burocracia. De algo tendría que vivir.
Vivir de la burocracia no es bueno, se deja de escribir y se gana poco —siempre y cuando uno no robe, no tengo que decirlo—. Rulfo se quejaba de su bajo sueldo y de que no podía resistirse a comprar libros. Vicio tan letal como el alcohol.

En las letras tiene una novela conocida, Pedro Páramo y su libro de diecisiete cuentos el Llano en llamas. este último lleno de controversias infructíferas pero divertidas. En ediciones posteriores se quitaron algunos cuentos y se editaron otros. Nadie puede decir por qué, lo obvio es que no le gustaron a Rulfo, creo yo, o al editor o quién sabe. Otro debate es si se escribe El Llano en llamas o El llano en llamas. No sé ni entiendo la relevancia de estos debates, pero los críticos literarios, algunos de sus amigos e historiadores de las letras parecen darle importancia. Si alguien quiere darle importancia al asunto le sugiero escribir un cuento sobre la mayúscula del llano en llamas, quizá a Rulfo le gustaría leerla.

Como Hemingway y Bukowski, Rulfo fue un gran escritor y un gran bebedor. No sé si fue el alcohol o la burocracia lo que lo impidieron escribir más. También hay debate en esto. Rulfo escribió otra novela La cordillera, pero él mismo se encargó de desaparecerla o destruirla, quién sabe. Si no estaba satisfecho con ella, sus razones tendría. El propio Rulfo diría que después de una “cura antialcohólica” fue que dejó de escribir.

En 1983 fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias cuando tenía 20 años sin escribir ficción. No dejó de practicar la escritura en las solapas de de libros del Instituto Nacional Indigenista y también escribió a inicios de los sesentas tres guiones para cine: El despojo, La fórmula secreta y el Gallo de oro. Solo el último fue llevado a la pantalla con adaptaciones mayores hechas por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Les sugiero no verla, no se pierden de nada.

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Rulfo escribe sobre el campo a pesar de vivir en la Ciudad de México más de la mitad de su vida. Y creo que ni él entiende por qué, no hay un personaje principal que sea indígena, pero estos rondan por todos los recovecos de su literatura. Escribió sobre el campo y la muerte. Y tanto le pesó este último tema que quiso dejar de escribirlo, pues él mismo decía que le pesaba, pero el resultado fue que no pudo escribir más. En 1974 en la Universidad Central de Venezuela Rulfo reconoció que dejo de escribir “porque se murió su tío Celerino que le platicaba todo”. El tío Celerino existió, pero no hay más indicios ni de Juan Rulfo ni de otras personas que confirmen que fue el tío, quien le relató las historias de El llano en llamas y Pedro Páramo. ¿Quieren una idea para una novela? Escriban una dónde Celerino le regla a su sobrino Juan sus escritos a mano en un cuaderno amarillento. Los van a odiar los herederos de Rulfo, pero no les hagan caso.

Finalizó estos antecedentes que no tienen ningún otro fin más que cumplir con el requerimiento de homenajear al autor en su centenario con la mención de Octavio Paz y de Tomás Segovia acerca de que la obra de Rulfo aparece de “milagro”. Para Paz fue un milagro la obra de Juan Rulfo, esto no es un insulto, es fácil de entender. Que una primera novela tenga la calidad de Pedro Páramo y que de sus diecisiete cuentos sean casi todos obras maestras es, en verdad, un milagro. Así, nada más, no sé de alguien más que lo haya logrado. No sé si Paz o Segovia lo decían para menospreciar sus textos o como una crítica precisa y positiva. Tampoco estoy seguro de que a alguien le interesen las razones. Rulfo es un gran escritor y para disfrutarlo simplemente hay que leerlo, por eso no me gusta hablar de la vida de los escritores que pretendo leer y comentar.

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