Adiós, Jacobo

Uno de los fundamentos de la democracia, como lo dijo Voltaire y luego lo desarrolló Rawls, es atender y escuchar la opinión del otro aunque sea contraria, incluso cuando la opinión vaya contra la libertad, la igualdad y hasta el libre cambio. Así fue Jacobo Zabludovsky, un experto en dar una opinión contraria a los valores de civilidad, de razón pública y de libertad, experto en ir en contra de lo que guía mi actuar, ir contra la esencia de la filosofía liberal.
La opinión de Zabludovsky era experta, no se complicaba, omitía la verdad y nada más, no entraba al análisis profundo ni a la crítica. Simplemente callaba a las órdenes de su patrón, Azcárraga Milmo, el autonombrado soldado del PRI, cargo que dejaba a Zabludovsky sin rango en la escala del ejército priísta.
Lo vi muchas veces en 24 Horas, eran tiempos en que no había otra forma de enterarse de las noticias. Cuando llegué a la pubertad, me di cuenta que era ridiculo verlo criticar la corrupción y el autoritarismo del mundo para luego alabar al presidente mexicano en turno y ensañarse con los chivos expiatorios que designaba el PRI.
Por si fuera poco, Zabludovsky termina siendo una vergüenza para el pueblo judío al apegarse a los designios del poder autoritario, a la dictadura perfecta del PRI, incluso siendo él y su familia víctimas del autoritarismo hitleriano. Ni hablar, Zabludovsky amó más al dinero que le pagaba su patrón que a la libertad y la democracia. No sé si es cierto eso de que el 2 de octubre del 68 empezó 24 Horas diciendo “Hoy fue un día soleado en México”, pero lo que yo vi del 76 al 86 me basta para conocer su calidad moral y su nulo compromiso con la información crítica y la democracia.

“Eran otros tiempos” dijo alguna vez, claro que lo eran y Zabludovsky hizo todo lo que estuvo en sus manos para que se mantuvieran así. Siempre servil a su patrón Azcárraga Milmo, solo desobedeció a Televisa cuando quizo heredarle su noticiero 24 Horas a su hijo Abraham, y Azcárraga Jean se lo negó. Me parece obvio que Televisa no tenía por qué dejarle 24 Horas al hijo de Jacobo, pero Jacobo renunció enojado y humillado a la empresa en abril del 2000.
El encono entre Televisa y Jacobo sobrepasó la muerte. Hace unos días, Emilio Azcárraga Jean no asistió al funeral de Jacobo. Por cierto, tampoco lo hizo el Presidente Peña Nieto ni el Presidente del PRI, César Camacho, dejaron de claro los tres cómo paga el sistema a sus esbirros cuando ya no le funcionan, cuando han llegado otros tiempos.

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