Ayotzinapa, China Railway y la casa en las Lomas

El rotundo éxito y buena estrella del presidente Enrique Peña Nieto se terminaron con 43 estudiantes de Ayotzinapa. No fue un delito ni siquiera un error por parte del gobierno federal, pero sí un resultado de las siete décadas de gobierno del PRI y una del PAN donde el gobierno federal no ha conseguido estructurar un estado de derecho absoluto ni un gobierno eficaz en la implementación de procesos.

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Por si fuera poco, la estrategia de control de medios se vino abajo. Resulta que en el 2014, segundo año del gobierno de Peña Nieto, hay más muertos que en el último año de Calderón (2012). No se habla ya de tanto homicidio en las noticias, pero estos siguen creciendo. Es claro, no hay una política de establecimiento eficiente del Estado del derecho, del imperio de la ley, no hay incentivos para que existan menos crímenes y por lo tanto, no descienden.
En México desaparecen 43 estudiantes y nadie sabe nada. Para no variar, todo esta lleno se sospecha y claroscuros.
De entrada, el principal sospechoso, el alcalde de Iguala, un hampón de nombre Abarca, quien se dice ordenó que la policía municipal entregara a los estudiantes a los narcos de nombre Guerreros Unidos, logró desaparecer con su esposa por más de un mes antes de ser atrapado. Y cuando fue capturado, por extraños motivos se murmura en la prensa, sin evidencia, que lo agarraron en Veracruz y lo trasladaron al DF para desprestigiar al PRD —como si lo necesitara—.
Testigos de la detención de los 43 afirman que esta se dio bajo los ojos de soldados federales. ¿Qué tan cierto es esto? ¿El ejercito observó las detenciones u observo que eran entregados a los narcos? ¿Observó ambas cosas? Aquí hay una grave laguna que debe esclarecerse.
Tres. El siempre sospechoso suicido del líder de los narcos, de Guerreros Unidos, Benjamín Mondragón Pereda, “El Benjamón”, quien sorpresivamente se pegó un tiro frente a las fuerzas federales antes de ser capturado y no dijo nada ya sobre los normalistas.
Cuatro. Las fosas del terror. Hay una fosa con 28 cuerpos y otra con nueve además del basurero de Cocula donde por lo menos hay dos cuerpos. Ninguno es de los 43. ¿Quiénes son esos pobres muertos a quienes ni siquiera interesa al gobierno averiguar su identidad? ¿Por qué la prensa no lo comenta? Me siento mal al pensar que a la prensa nacional le valió sorbete saber de quiénes son esos cuerpos.
Cinco, la mención del padre Solalinde sobre el hecho de que sus informantes, no identificados en público por su seguridad, acertaron a decir que a los estudiantes los quemaron hasta derretirlos. Yo no entiendo la saña ni el odio, si, como se dice, solo querían impedir un informe de la presidenta del DIF de Iguala, la esposa del tal  Abarca —quien por cierto ya era acusado de homicidio y hay testigos, vivos, a quienes nadie les hacía caso ni creía antes de la desaparición de los 43 normalistas—. Pero, ¿cómo sabe Solalinde antes que la PGR el destino de los estudiantes? Me temo que si lo averiguo mi vida correría peligro.
Seis. La reunión de siete horas del presidente con los padres de los 43 no fue suficiente para solventar sus dudas, al contrario, ellos salieron más enojados y desesperados. Los entiendo, el “no encontramos a sus hijos, pero esperen”, no fue suficiente. Días después el procurador Murrillo Karam, dice en conferencia de prensa que ya está cansado. Graso error que no perdonaron las redes sociales y que la prensa, exquisita, explota sin piedad.
Siete. Parece que para no empeorar las cosas, el presidente canceló la concesión del tren bala México-Querétaro a China Railway pues había ciertos rumores de una licitación oscura y a modo. Pero los chinos tenían un as bajo la manga en caso de que los dejaran colgados, o por lo menos, eso parece. De pronto, una noticia vieja y en el cajón de los olvidos salió a la luz escrita por cuatro o más reporteros. El hilo de la historia es que una de las constructoras mexicanas asociadas con China Railway le “vendió” una casa de $7 millones de dólares a la esposa del presidente. Situación que resurgió cuando se les cayó la concesión a los chinos, concesión que haría que China fabricara su primer tren bala fuera del país y la propulsaría al mercado internacional a competir con empresas como Bombardier y Siemens. Tan fuerte fue el impacto que las acciones de la empresa estatal china cayeron un 5% por no hacer un tren de menos de 200 km en el violento rancho grande mexicano.
Mientras tanto, se encuentra otra fosa en Cocula, donde supuestamente unos matones dicen haber incinerado a los 43 estudiantes. Un grupo de normalistas quema las instalaciones del PAN en Morelia y las del PRI en Chilpancingo, otros cierran el aeropuerto de Acapulco y golpean sin piedad a policías. Por su parte los peritos argentinos expertos en masacres de estado dicen que los restos de Cocula no son de los normalistas cuando Peña Nieto está de vista de Estado en China, quizá dando explicaciones a los chinos, quizá no.
Para nuestro infortunio, la historia continuará.

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